Caza de tórtolas

En los últimos 10 años Córdoba se ha convertido en el destino más popular del mundo para la caza de tórtolas. Más de 50 millones de tórtolas residen en campos cordobeses y los últimos estudios de población indican que la población de tórtolas, aunque parezca mentira, sigue aumentando…

Alimentar 50 millones de tórtolas no es nada fácil, es por esto que se comen hasta un 30% o más de los granos que se siembran en la provincia, por este motivo son consideradas una plaga y se pueden cazar durante todo el año sin límite.

Esto provocó debate y hasta se pidió que se la declare plaga nacional (con un proyecto que alcanzó la Comisión de Recursos Naturales del Congreso Nacional). Con poblaciones de hasta 40 millones de ejemplares, la tórtola, se hizo un banquete en distintas cosechas de La Pampa, Santa Fe y Entre Ríos con daños que variaban, según fueran calculadas por productores o técnicos, entre 20% y 80% del total.

La caza de la tórtola requiere en primer lugar un gran conocimiento del territorio; se trata de un animal de costumbres muy fijas, y que elige únicamente zonas con unas características precisas. El hecho que en algunos lugares haya muchas tórtolas y en otros (aparentemente de características similares) no se encuentra siquiera una, no es casual; en estos últimos falta con toda seguridad algún elemento esencial para la vida y la alimentación del animal.

 

El reconocimiento, por parte del cazador, se convierte de esta manera en muy importante, especialmente cuando no se conoce bien la zona, pero también para localizar los lugares que suelen preferir las tórtolas. Por otra parte, puede suceder que el ave cambie de “residencia” de una temporada a otra, por ejemplo tras un cambio en el tipo de cultivos de la zona.

Recorriendo los caminos rurales, el cazador deberá concentrar su atención en los tendidos eléctricos, sobre todo tras el crepúsculo y por la mañana, ya que las tórtolas se sirven mucho de este posadero artificial. Después de este primer examen, somero pero indicativo, se deberá proceder a una observación más detallada, cuya finalidad es determinar las principales zonas de paso de las aves.

Horarios fijos

En la caza de la tórtola no se puede prescindir de los horarios fijos que el ave sigue con rigurosa puntualidad. Casi se podría ajustar el reloj en relación con los traslados cotidianos de la tórtola.

Son dos los momentos en los que el animal sale del bosque para ir a comer, casi siempre en los mismos campos cultivados: el alba y el crepúsculo. También es regular el horario de acceso al agua para abrevarse, y el regreso entre los árboles en las horas más cálidas.

Naturalmente, la práctica cinegética se debe adecuar a estos horarios, entre otras cosas porque las posibilidades de tirar a una tórtola encontrada casualmente son muy escasas. Por lo tanto, es preciso trasladarse a los puntos en los que se presume la llegada o el paso del animal.

En consecuencia, existen buenas posibilidades si nos situamos entre los matorrales del bosque en que las aves pasan las horas más cálidas del día. También se puede imitar el canto de la tórtola (con los reclamos de boca), para provocar la curiosidad de las aves y hacerlas descender a tiro. O bien nos podemos acercar con silencio y cautela a los lugares de pasto (viñedos, olivares o campos de girasoles) e intentar sorprender a las tórtolas cuando levantan el vuelo. Aún mejor es localizar los pequeños cursos de agua a los que se trasladan las aves con puntualidad cronométrica. O incluso esperar, en un apostadero improvisado, el regreso de las tórtolas a su bosque habitual.

El ambiente

Después de las observaciones previas, no es difícil trazar una descripción precisa del hábitat frecuentado por la tórtola. En primer lugar, debe presentar el clásico bosquecillo, es decir una zona con vegetación arbórea densa que pueda ofrecer abrigo a las aves durante la noche y en las horas más cálidas del día.

También es necesario un campo cultivado; la tórtola gusta especialmente de semillas, mijo y grano en general, y elige únicamente las zonas en las que esta comida es abundante y al alcance de su pico: campos de trigo, olivares, viñedos y, especialmente, campos de girasoles, son sus preferidos.

 

Pero sobre todo debe haber agua. Este elemento es indispensable para la tórtola, y es imposible encontrar esta ave en lugares carentes de cursos de agua o de instalaciones de irrigación, preferiblemente muy cercanos a los campos cultivados.

Los observadores más atentos observarán además que el animal elige siempre puntos en los que hay árboles en las orillas del agua; la tórtola se posa en ellos antes de bajar hasta el agua, observando en torno a ella con gran prudencia y circunspección. Una “debilidad” que los cazadores expertos saben aprovechar plenamente.

Potencial peligro para la salud

Explican los expertos que: la acidez de las heces que, una vez que se secan, se vuelven una potencial amenaza. Cuando esto sucede, “se convierten en un polvo que es llevado por el viento y que puede ingresar por las vías respiratorias, pudiendo transmitir enfermedades, en particular cuando lo que se dispersa son ciertos hongos capaces de provocar severas dolencias al ser humano”

Juan Claver, profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias señala que son “los niños, ancianos y aquellas personas inmunosuprimidas o con bajas defensas” las que pueden ser más sensibles a este contagio.

Lo que transmiten es sitacosis, una enfermedad que produce en el ser humano una neumonía atípica que puede ser riesgosa. Además, con su aleteo despiden un polvillo que puede causar alergias

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